Hay que ser como un Árbol

Un árbol es fuerte y sólido, se yergue sobre sus raíces asentadas en la tierra, inamovible, impasible.
Resiste embates del viento y golpazos de la lluvia, y se mantiene imbatible, sin verse afectado por factores externos a él, respondiendo únicamente con un calmo susurro como réplica. Vemos sus hojas rendirse ante la briza y el agua para luego volver a su serena esencia… Es tan sólo cuando cede a esos elementos foráneos a su ser que le escuchamos con estruendoso estertor, para entonces comprender que ya es tarde…
Por ello, debemos recordar que lo que nos define son nuestras raíces, nuestra savia, nuestra corteza… Lo que en esencia es nuestra conciencia, lo que nos permite sabernos internamente. Para cuando nos dejamos afectar por influencias inducidas externamente, por intenciones diferentes a las que nacen en nuestro interior, ya es tarde y quedaremos separados de nuestra raíz, desplomándonos de manera estrepitosa.
Pero a diferencia del árbol, sí que podemos decidir dejarnos perturbar y caer atronadoramente por influjos, sean ideas, pensamientos, tendencias, ideologías y acciones soliviantadas y ajenas a nosotros o simplemente ser la raíz consciente que susurra serenamente…




























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